miércoles, 29 de diciembre de 2010

Salvavidas (Las cosas que escribí).

y amanecer dándote cuenta de que ella es el más perfecto cúmulo de golpes, vicios e imperfecciones.

solo ella te destroza así con verdades que te duelen y agradeces.

y sí, es la única que te mira a los ojos y te dice lo que no quieres escuchar sin vacilar,

la que también sabe, además, regalarte los oídos cuando no quieres escuchar más juicios

porque no entra en su mente crítica juzgarte, sino apaciguar tus fieras y decirte cómo arreglar las cagadas.

ella, exclusivamente ella. la que intenta que dejes de buscar precipicios por los que volcarte, con más o menos éxito,

pero aún así olvida esas tres palabras que suelen hacer eco en tu conciencia de “te lo advertí”

para aparecer en el momento más preciso y llamar a las palabras exactas que harán que te levantes y sonrías y que después te conteste:

“deja de hundirte en tu mierda, ¿quieres sexo, tequila o empiezas ya a mirar de frente a la vida?”

sonrojándote hasta extremos que no pensaste ni que existían,

oscilando en una balanza si te apetece más escucharla o follártela,

sabiendo que la mayoría de veces te la follarías,

pero más de la mitad no te quedaría otro remedio que escucharla.

solo ella tiene la virtud de reanimarte a ostias, el defecto de la sinceridad inoportuna,

la que nadie dice porque duele, pero cuanto más duele más vicia.

y cómo vicia... perderse a uno mismo y que ella te encuentre,

sabiendo que podrás perderte quién sabe cuántas veces más

y aparecerá una y otra vez,

y te joderá una vez más, pero ya habrás olvidado cómo no agachar la cabeza para decirle que vuelva

que necesitas sus malditas advertencias para seguir haciendo exactamente lo que no deberías

y que así vuelva cuando se te hunda el dolor en el costado y acabe con él,

contemplando cómo hace maravillas de las miserias,

cómo cada paso mal dado se convierte en una adicción innata a sus rescates

y cómo puede ser tan irremediable que no sepas hacer las cosas bien,

que no sepas darle las gracias por existir cuando recuperas el aliento después del coma,

ni tampoco antes,

que solo sepas acercarte a ella pavoneándote de tu fingida perfección sin ella

o rogándole como un necio que te abra la puerta.

y ni en cien años reconocería en voz alta que ella siempre “me lo advirtió”

pero nunca me previno de que además de comer, fumar, dormir y beber

algún día ella sería otra necesidad vital en mi vida.

y otro día distinto se marchará para siempre

y puede que me arrepienta de no haberle dicho “te necesito”,

pero sí, se habrá marchado y será tarde.

y aunque pudiese ir a buscarla y gritarle frente a frente, cuerpo a cuerpo,

“si te vas, la mitad de mí se muere en vida”

no lo haría.

Este texto pertenece a mi otro blog.

http://www.todaslascosasqueescribi.blogspot.com

1 comentario:

  1. me alegra conocer tu blog, me ha gustadoo mcho!

    y desearte una feliz entrada de año!

    besitos!

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